Una casa muy visitada el día de todos los Santos

La cocina de doña Coralia Guerra, en el barrio El Centro, de Quezaltepeque, cambia a finales de octubre, pues es llenada de colores vivos, olores dulces y avinagrados. Los espacios antes vacíos albergan ollas, coladores, pyrex de todos los tamaños y otros utensilios para la elaboración del tradicional fiambre.

Doña Coralia comentó que en el transcurso de la última semana de octubre la gente llega a hacer sus pedidos, que son alrededor de 30 y 40 encargos, los cuales son entregados a partir de las 9:00 de la mañana el 1 de noviembre. Estos tienen un precio de Q75 por libra, “para ayudar a la gente, vendemos las dos libras a Q100 y las tres a Q150”, comentó Sofía Portillo, hija de doña Coralia, quien se encarga del listado de reservaciones.

“Desde hace 8 años vendemos fiambre en nuestra casa y somos seis personas, entre familiares y amigas las que preparamos el fiambre colorado”, dijo doña Sandra Guerra de Villeda.

Actualmente en Quezaltepeque, este es el único lugar donde se prepara el fiambre para que los cachaceros puedan comprarlo, pues en algunos hogares la gente lo prepara solo para la familia y/o compartir con vecinos y amigos.

Un sabroso invento

El fiambre es uno de los “inventos” de los cuales los guatemaltecos podemos sentirnos orgullosos. Existen muchas leyendas sobre los orígenes de esta comida, aunque no hay fecha ni persona a quién atribuírselo, lo mencionan por primera vez en el siglo XVII; algunos lo llaman un platillo mestizo, porque combina el producto de la tierra guatemalteca con la técnica de los embutidos.

Según la tradición de este platillo multicolor, es una comida fría para degustarla en familia, en el cementerio, junto a la tumba de los seres queridos, el 1 de noviembre, fecha en la que se celebra el “Día de Todos los Santos”.

Una leyenda dice que el fiambre se creó cuando una empleada doméstica tomó el tiempo que tenía para comprar ingredientes que utilizaría en una cena de su patrón para estar con su amado. En el mercado no encontró nada de lo que pidieron. Entonces llevó embutidos y otros ingredientes. Hizo una mezcla que terminó como fiambre.

Similar leyenda se cuenta sobre la llegada de unos españoles, a quienes no tenían que darles de comer y se creó un plato con las sobras de una cocina. Una tercera leyenda dice que fueron monjas quienes crearon el plato, cuando por sorpresa recibieron la visita de un arzobispo. El historiador Miguel Álvarez asegura que estas leyendas existen para darle “sabor” a la historia del fiambre.

Por Billy Quijada
Edición: Lic. Conrado Monroy

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