Felices los Tres
Enero 29, 2008 Artículos 4 CommentsEn un artículo anterior escribía sobre las relaciones de parejas tormentosas, sí no lo has leído te invito a que lo hagas para comprender mejor esta nueva filosofía de vida, felices los tres. Y todo comienza con el inicio de la vida, al abandonar el paraíso del útero, y nacer, adquirimos dos ansiedades básicas que nos acompañarán toda la vida: el miedo al ataque y el miedo a la pérdida. El niño igualmente desarrolla una relación íntima con su nuevo objeto de deseo, la madre, de la que él cree que forma parte, hasta que descubre que hay otro varón que los separa pues tiene más poder que él sobre ella: el padre, ese gigante que a cada rato se la lleva para el otro dormitorio, y luego, como si esto fuera poco, ¡qué triste sorpresa le regala el destino, el día que descubre un hermano (otro intruso) prendido de la teta de esa amada mujer. Ya sé que mamá tenía dos tetas ¡ pero yo quería las dos para mi!
En ese instante, su narcisismo duramente herido debería enseñarle que no hay garantías de exclusividad, que él no puede dominar las acciones de ella y lo que es peor, que no tiene forma de manejar su deseo. Y mucho menos puede manejar el destino. Celos, envidia, voracidad, trilogía de emociones “negativas” que alimentaron la creación de diez mandamientos y miles de leyes en todo el mundo que ningún poder judicial logra que se cumplan finalmente.
Sentimientos que habitan en el origen de la vida, y en la concepción mítica del mundo que los propios hombres escribieron en los relatos religiosos y en los artísticos. Aún dentro de su oculta simbología en nuestro pasado lejano hay un Caín que mata a un Abel, o una madrastra que inútilmente pregunta “espejito, espejito….¿quién es la más linda del reino”? y ante la respuesta que certifica la falta, se instala ella la idea de regalar a su rival una manzana envenenada. También se nos revelan los celos como ingrediente del amor de pareja y se evidencian de las más diversas maneras (instinto de posesión, temor a la pérdida, fascinación del rival, pulsión de muerte, actos de violencia, o como espuela para el erotismo en un vínculo).
Y es hasta este punto a donde quería llegar, puesto que esta polía que insertada en los genes del género humano se desata en la madera del matrimonio, termina pudriendo, no solo la relación, sino la vida de quienes la albergan. Y mi análisis en este tema, trata de que comprendamos esto, como una enfermedad mental que requiere de ayuda terapéutica para salvar una relación deteriorada. Veamos el caso:
Ella relata: “ay doctor, ya no puedo mas, hipnotíceme aunque sea por una semana… lo que pasa es que cuando se me mete en la cabeza que él anda con otra, me entra un desasosiego que tengo que dejar lo que esté haciendo para ir a buscarlo por toda la ciudad, no importa que sea de madrugada, salgo en el carro y paso por su casa, si el carro de él está en el parqueo me voy tranquila a mi casa… pero, ay, si ese carro no está… comienzo como una loca a buscarlo donde los amigos, los restaurantes que él visita, por el parque, a ver si veo el carro, si no, agarro para los moteles, buscando como una loca… sudo… se me sale el diablo… no puedo respirar… puyo el acelerador y no me doy cuenta… a veces llego agotada de tanto buscar, a veces, hasta las 4 o 5 de la madrugada. . .no porque quiera, sino, para estar a las 8 de la mañana en el trabajo… eso es los días de trabajo, porque si es fin de semana amanezco dando vueltas hasta que lo encuentro o él vuelve a su casa. Cuando lo encuentro en un sitio público yo no hago escándalos… me siento donde él me vea y ya él sabe… bueno, a veces él se despide y se va a la casa… otras veces se sienta conmigo a convencerme de que me vaya a dormir… entonces lo obligo a que se vaya conmigo a un motel”.
En esto se sufre mucho… he estado a punto de matarme… hace un tiempo como a la una de la madrugada, lo buscaba por el parque y vi un carro parecido al suyo.. lo perseguí y el del carro aceleró mucho y yo mas… me le pegaba, pero, se me iba… hasta que me salí del carril y me crucé a la vía contraria y por poco me vuelco… me asusté tanto que el carro se me apagó y me quedé un rato llorando y me fui a casa”.
A pesar de que la paciente mejoró mucho con psicoterapia, antidepresivos y ansiolíticos, la relación se perdió; obviamente, por la conducta celosa de la paciente y a que el hombre no pudo soportar el sobresalto de sentirse perseguido a toda hora”. El nunca aceptó ir a la consulta.
Esta paciente ha sido muy importante para mí, porque me aclaró una cuestión que se me había convertido en un problema: ¿Por qué las amantes no celan con relación a las esposas?. La sencillez de la respuesta fue como un rayo de luz. “Bueno, ella no me importa.. él no la quiere. Está con ella por los hijos… además, se ve que ella no es mejor que yo… esa no puede conmigo”.
Entonces comprendí claramente: La amante no cela por motivo de la esposa. Esta es percibida por aquella como un ser Inferior, es un rival vencido. No puede venir a disputarle el objeto amoroso.
Esto se afianza con las supuestas confesiones íntimas del hombre sobre la “incapacidad” de la esposa de satisfacerle sexualmente o la falta en prodigarle atenciones hogareñas, etc.
Es el esposo quien invalida a la esposa frente a los ojos de la amante. Pero, el celar aparece ante la posibilidad de una nueva amante, a la que si pudiera reconocerle como una rival, esto es, alguien con capacidad de desplazarle.
Esta paciente entabló una nueva relación con un joven militar, soltero. Relata: “Al principio.. los primeros tres meses estuve feliz, pero, poco a poco me empezaron las sospechas y la ansiedad… una mañana me salí del trabajo y empecé a buscarlo… lo encontré… iba con una mujer al lado. yo no pude ver bien… él se dio cuenta y cruzó el puente “dos hector”… lo perseguí hasta la carretera”.. ellos se metieron en un motel y yo me paré en la entrada… sentada en el carro esperando que salieran… me fumé una caja de cigarrillos… un empleado del motel salió varias veces.. parece que lo mandaban a ver si yo estaba ahí… en un descuido mío ellos salieron y les caí detrás, entró a la ciudad y la dejó, yo lo vi y dejé que se fuera y me fui detrás de la mujer muy despacio para verla bien… era una vieja y hasta gorda… una mujer fea… me fui y lo busqué, lo encontré donde una hermana y le dije de todo.. hasta sucio y asqueroso, que esa mujer a lo mejor le daba dinero… él me dijo que no sabía que yo era una loca… ahora me hace mucha falta… le pedí perdón, pero, él dice que no me quiere ver “ni en pintura”.. estoy muy mal”.
La paciente sigue soltera con 42 años de edad y aunque logra conseguir compañeros, la relación se pierde tarde o temprano.
Aquí debo puntualizar la incompatibilidad entre el celar y el amor, “el celar no deja lugar para la ocupación amorosa con el otro; al contrario, este espacio es mas bien vaciado, y el otro “materializado” en una “posesión”, sobre el que se cree tener un titulo de derecho”. De aquí la peculiaridad del celoso.
Muchas veces al celoso no le interesa la comprobación de sus sospechas, estamos a la puerta del delirio de celos y cuando llegamos a los celos como enfermedad mental, tocamos el territorio de lo ético, de la libertad de elección.
Ahora bien, no podemos dejarnos confundir por algunos giros de la conducta del humano en situación de pareja. Se da el fenómeno del no-celos, la ausencia de celos, aun en presencia de una verdadera relación extraconyugal; en realidad es una situación de desinterés a causa del desamor que ha surgido en la pareja. Desinterés que por lo regular dura años antes de que efectivamente la pareja se separe.
Pero fundamentalmente los celos “imaginarios” o “alucinatorios” son los generadores de conflictos en las parejas, en las familias, en los espacios laborales, y hasta en las contiendas políticas. Ocasionando la muerte de muchas personas. (Caín y Abel) porque crean me, hasta el hermano evangélico, que levanta las manos al cielo en el culto los domingos, se cruza la pistola en la cintura y no se tienta la conciencia para matar a otro, para adquirir poder y dinero.
En teoría buscamos una definición y un origen de los celos, saciamos nuestra ignorancia hasta conocer lo más profundo de este horrible sentimiento, pero…¿y luego qué? ¿qué hacemos con ese saber si no podemos lograr una apropiación que nos ayude a producir un cambio en el aquí y ahora? a mitigar el sufrimiento del que cela y del que es celado.
Atentamente:
Dr. Adán Villeda.
Psicoterapeuta.










