Esquipulas, Chiquimula, recibió ayer, como desde hace 47 años, a los motoristas que integran la Caravana del Zorro, en un recorrido de poco más de 222 kilómetros que se inició en la Plaza de la Constitución, zona 1, y culminó frente a la Basílica del Cristo Negro.
Desde las 5 horas se comenzaron a ver las luces encendidas de miles de motocicletas en la Plaza de la Constitución. Esta vez participaron en la caravana unas 10 mil personas.
Algunos apagaron sus motores y descendieron de sus caballos de acero para apostarse frente a la Catedral Metropolitana.
Habían esperado mucho tiempo para lucir su gruesas chumpas de cuero y sus máquinas, algunas de ellas Harley Davidson.
Antes de partir, alrededor de las 7.30 horas, el cardenal Rodolfo Quezada Toruño les dio la bendición
Máscaras con calaveras pintadas, atuendos de color negro y accesorios de cuero eran los distintivos de los integrantes de la Caravana del Zorro, quienes también lucían una playera blanca en la que se leía: “No corras, te recomiendo que tengas precaución”.
Algunos quisieron compartir con sus esposas e hijos menores de edad la experiencia del viento golpeándoles el rostro, y el ruido, por momentos ensordecedor, de miles de motocicletas en marcha.
Distribuidoras de motocicletas animaban con música, servicio mecánico y bailes a quienes se sumaban a la jornada, que aumentaban conforme avanzaba la mañana. La luz tempranera permitía observar con más detalle los colores y motivos de la indumentaria.
Con precaución
Con música rock al fondo y el sonido de aceleración de las motos, Edy Fernando Villadeleón Poggio, de 59 años, hijo del motorista que fuera conocido en los años 1960 como el Zorro, invitaba a los asistentes a conducir con precaución, al mismo tiempo que agradecía a quienes habían colaborado con Q35 al comprar la playera oficial.
Indicó que esos fondos serán destinados para el remozamiento de las escuelas San Mateo y La Arrinconada, en Esquipulas.
Albert Arrecis y su esposa, Milda, no escondían su emoción mientras confesaban que era la primera vez que participaban en ese viaje sobre la carretera al Atlántico. Haber madrugado les permitió colocarse en la primera fila de la Caravana.
Durante el recorrido, decenas de personas, con banderas de Guatemala, saludaban el paso de los motociclistas.
Algunos hicieron su primera parada para comer en el kilómetro 80 de dicha ruta, en El Rancho. Allí fueron rodeados de inmediato por vendedores de quesadillas y frutas frescas.
Frente al Cristo Negro
Los recién llegados detenían la marcha frente a la Basílica de Esquipulas y comenzaban una lenta marcha a pie para llegar a los pies del Cristo Negro, frente a quien se hincaron y rezaron.
Los cuerpos de socorro no reportaron accidentes fatales en esta oportunidad.
Cinco horas de camino y Q100 de combustible le permitieron a cada motorista ser parte de este viaje de fe.
Por J. Osorio - colaborador }