Quetzaltepeque posee gran abolengo histórico y cultural.
Rina Montalvo: Este es mi pueblo, donde nací y compartí mis primeros años con mi familia, entre el verde de la campiña y construcciones coloniales, de las que solo se conserva la iglesia católica, ¡un verdadero monumento al pasado! No así, su romántico parque, que lo recuerdo circulado por largas bancas de cal y canto, ni su hermosa pila colonial, que le daba un aire de linaje y señorío a la arquitectura del Palacio Municipal, construido en 1921.
Este es mi pueblo, donde nací y compartí mis primeros años con mi familia, entre el verde de la campiña y construcciones coloniales, de las que solo se conserva la iglesia católica, ¡un verdadero monumento al pasado! No así, su romántico parque, que lo recuerdo circulado por largas bancas de cal y canto, ni su hermosa pila colonial, que le daba un aire de linaje y señorío a la arquitectura del Palacio Municipal, construido en 1921.
¡Ah! Y aquellas honorables familias de Quetzaltepeque, que con el paso de los años se han ido extinguiendo: los Jiménez, los Monroy, los Torres, los Moss, los Cardona, los Landaverry, los Castañeda, los Guerra, los Aldana, los Machón, los Solís, los Villeda, los Morales, los Recinos, los Pinto, los Acevedo y tantos más que formaban el entorno de aquellos tiempos que se han ido y que vuelven… Ahora son nuevas generaciones las que se han integrado a una población que crece, trabaja y progresa.
Hoy, estoy de visita en mi pueblo, compartiendo la inauguración de la feria titular, en honor a su patrón San Francisco de Asís. El alcalde Álvaro Rolando Morales Sandoval y el honorable concejo municipal de la villa de Quetzaltepeque, me invitaron para ofrecerme un reconocimiento por mi labor periodística. Yo agradezco de todo corazón este gesto de las autoridades municipales, porque creo que interpretan el sentir de esa gente linda de mi pueblo, de la que me siento orgullosa y ser tan “cachacera” como ellos. ¡Todavía llega a mi olfato el olor de a la caña de azúcar de las moliendas! De aquellos tiempos tan cerca de mi vida, pero tan lejanos en el tiempo…
Entre los 11 municipios que conforman la división política del departamento de Chiquimula, resplandece con brillo propio, ese pueblo ancestral de Quetzaltepeque, de origen nahuatl y que significa Cerro de Quetzales. Su configuración geográfica es privilegiada, circundada de verdes praderas, de ríos, cerros y montañas.
Sus habitantes son gente buena y laboriosa, que siempre ha visto el futuro de su pueblo con visión progresista. Hombres y mujeres que se superan en las distintas disciplinas del saber y profesionales exitosos. Quetzaltepeque es un pueblo que progresa, que se moderniza con el trabajo de sus vecinos y de sus autoridades municipales. El área rural es una de las mejores desarrolladas y atendidas.
Costumbres y tradiciones milenarias aún persisten en Quetzaltepeque, como la cofradía de San Francisco El Conquistador, que el 19 de diciembre sale en solemne procesión, encabezada por sus padrinos y toritos de fuego. La Pasada del Santo es un ritual con raíces ancestrales, con mucha historia.
El licenciado e historiador Clodoveo Torres Moss ha escrito varias obras e investigaciones sobre la transculturación de estos pueblos orientales. Ahora, el pueblo de Quetzaltepeque y sus autoridades municipales han querido homenajearle en esta oportunidad, por sus grandes méritos profesionales y sus interesantes obras de investigación histórica, pero por motivos de salud, él no pudo llegar a recibir este homenaje. Los licenciados Rolando y Clodoveo Torres Moss, fundadores de la Universidad Mariano Gálvez, son también auténticos cachaceros.
Y para finalizar es oportuno reconocer todo el estímulo que he recibo de mis paisanos, con motivo de los 50 años de mi columna y la publicación de mi libro Querida Rina. Agradezco el apoyo de Billy Quijada y Boanerges Gómez.